
En algún momento en el que brotan las ganas de reincidir y los sentimientos se encuentran a flor de piel, la sed de ese olor tan penetrante la conduce al delito más idílico y a la vez copioso de su vida (o lo que va de ella).Desconocía por momentos esa sensación en la que los nervios dominaban su lenguaje corporal (casi como si fuese la primera vez que materialmente cometía esa transgresión).
Se dirigió impetuosamente al lugar donde a pocos minutos ocurriría un crimen, quizás el más delicioso que alguien haya podido llevar a cabo, transcurrido un instante eterno en el medio del mar de nervios sintió como el aliento le volvía y su corazón latía al ritmo de la estocada a la puerta que le hacía su cómplice...
Él: Estoy en la puerta...ábreme.
Ella: (silenciosamente) y como quien mira a un manjar anhelado abrió.
Ambos sonrieron al ver como reincidían en las andanzas casi delictivas (en las cuales no se deja huellas, ni marcas, ni recuerdos a saber de no ser descubiertos) Parecía que no hubiese pasado tanto tiempo, tantas caras, ni tantas horas de silencio, parecía más bien un pauta acostumbrada. Sin mediar palabras muy sigilosamente la siguió hasta el espejo, donde ella observaría nuevamente el rubor de culpabilidad que teñía sus mejillas, observó tranquilamente y entre sus manos dejó correr el agua que la refrescaría para darle inicio a tal suceso.
Ella, en ese instante quiso que se detuviera el mundo cuando él se atrevió a tomarla por el fajo de su pantalón, el cual ocultaba una de las armas de tal venturoso crimen. De tal forma que propasó los límites del "acuerdo final" (y ella encantada de que así sucediera) y la incorporó a la escena, en la que próximamente ambos serían protagonistas, autores, víctimas, cómplices y reincidentes de un suceso.
Sin saber qué hacer (como si fuese la primera vez) la apoyó sobre el lugar exacto donde ocurriría la infracción y se abocó a manipular ese cuerpo, el cual se resistía a ser asesinado, peor aún a ser utilizado. La situación se prolongó hasta que se desbordó de los caudales que controlan la emoción, y fue allí cuando sus ojos fueron testigos de tan condenable coyuntura en la que sin medidas se intercabiaban estrategias de delito.
No mesuró la gravedad de lo ocurrente, no le importó involucrarse con su par, simplemente se dejó llevar al extremo de la sugestión, en el juego de maniobras que conducen al deselance esperado (muy anhelado y extrañado en gran medida) y es en ese justo momento, cuando todo se eleva a la máxima expresión ella llora y tiembla de emoción y él la abraza y la contempla con pasión..."como quien observa a su víctima"...
Ella observa convencida de que no se equivocó de cómplice y él sonríe de la paradoja de un violentado "acuerdo final", de la reincidencia en el crimen del orgullo y las quebrantadas decisiones.
A él se le conoce como el cómplice...
a ella él la llama "la reincidente"
Una amiga asegura que predije los sismos de hace una par de semanas. Hoy me lo dijo. Sí, es cierto, algo de eso mencioné pero no pensé que fuera a ocurrir, fue casualidad. Desde este momento comienzo a pensar que si tengo algo de capacidad predictiva... supe que debías escribir lo que decías y pensabas... no me equivoqué. MARAVILLOSO GIOVA. Maravilloso como predecir un arcoiris.
ResponderBorrarY si tengo que encajar en un perfil es en el de esa reincidente. Ella que no sabe si por gusto, por encanto, por placer, por soledad o por nostalgia cae en los brazos del cómplice una y otra vez, cometiendo aquel delicioso delito...
ResponderBorrarElla es una reincidente, él más que un cómplice es un vício. Ella no termina de entender (tal vez no quiere hacerlo) que los vícios no se vencen por exposición, y mientras... seguirá siendo la reincidente...
Me encantó!!! (Anyi)
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ResponderBorrarSi escribes como hablas... pues resulta que tenemos otra artista en la familia.
ResponderBorrarPERFECTO GIOVA!!! Que manera de describir en lo que sin duda reincidimos una y otra y otra vez. Lo gracioso o masoquista es que de esos pecaditos no hay ni pizca de remordimiento pero si un placer enorme que se vuelve adictivo y no te deja salir de eso por más pacto que haya.
Mi querida Vicky:Eres parte de esta creación, una de las impulsoras de ese arcfoiris, gracias por acompañarme.
ResponderBorrarAnyi:"Los vicios no se vencen por exposición" que delicia, mejor no lo pudiste haber dicho.Será que estamos destinadas a ser siempre las reincidentes de ese delito tan placentero?
Anye: Algo pasó en mi mente que con tus palabras ayer me propuse a escucharme y a palpar en este Blog Novato mi estilo particular...
Las quiero girls! Son mis Maestras!
mi giova!!!!! que bueno tu blog!! y lo ultimo que escribiste!! Wow!! sigue asi!!!
ResponderBorrarGiova bello!!
ResponderBorrarGaalllaa! tengo un escrito que termina como el nombre de tu blog!! que fuerte :)
Te adoro, y esto es maravilloso.
El crimen más suculento e impetuoso de la vida. Sigo imaginándote con el paraguas bajo la lluvia en el teléfono público.
ResponderBorrarTe amo ¡saludos!