por lo que has dejado de ser...
Ella, coleccionaba amores en frasquitos mínimos que pudiese meterse -generalmente- entre las tetas. Era de caderas anchas, melena negra abundante y sonrisa que según algunos ex amantes era su mejor atributo -aunque ella creía fielmente en que eran sus piernas- o lo que hacía entre ellas, y él también lo pensaba así.
Solía vestir como cualquiera para pasar desapercibida,no usaba tacones, ni faldas, ni escotes, aunque realmente lo que ignoraba -por conveniencia- era la hermosa figura que escondía detrás de los jeans y cualquier camiseta. No caminaba con delicadeza "femenina" sino más bien como un terremoto que no quiere dejar nada a su paso. Al pasar, todos tenían que ver con ella, la saludaban, la criticaban, la miraban y hasta la ignoraban pero siempre ante su presencia ,el que estuviese cerca, tendría algo que ver con ella.
Como toda educación católica en colegio de monjas, Carmela continuó sus estudios universitarios más que para alegrar a su padres, por un compromiso consigo misma de "ser alguien", lástima que muchos piensan que para eso se necesite un título de alguna reconocida universidad de este u otro país. Trabajaba a medio tiempo eso sí, para poder costearse la carrera -lo que nunca supo es que ese trabajo más temprano que tarde la conectaría con él-.
En una de esas funciones de su puesto y responsabilidades otorgadas por su jefe maniático, en el medio de un centenar de personas desconocidas, en un lugar desconocido y con un humor marcado por las exigencias del evento estaba ella cumpliendo horario y de punta en blanco a la altura de los asistentes de lo que parecía un conversatorio. -Lo que menos quería en ese momento era conversar con nadie, pero el trabajo la obliga-.
Justo a su hora de salida, ya librada de sus ocupaciones a punto de marcharse a casa intenta despedirse de su jefe quién predeciblemente pide cuentas tal como el libreto acordado previamente -el humor no mejora- ella intenta ser breve a lo que los interrumpe de una manera petulante el famoso Ignacio (un completo desconocido para ella).
No titubéa ni en una sola palabra que dice, ni se disculpa la interrupción captando toda la atención del interlocutor maniático de Carmela. -Ella con peor humor que el inicial, suele molestarse y alzar un poco la voz- por lo que ésta no dudó en continuar su intervención por encima de la presencia de él, lo único que quería ella era irse y lo único que quería él era irse también pero con el nombre de ella...
Por cuestiones protocolares los presentan y no muestran ni el más mínimo gesto de simpatía ante el formalismo -que iban a saber ellos que en algún momento de la vida se conocerían hasta los gestos y algo más-.
Pasaron un par de años y no fue sino la casualidad que los volvió a juntar pero esta vez, parecía que ambos habían pactado con la memoria suprimir la escena anterior en la cual ya se habían conocido.
Una llamada teléfonica de naturaleza laboral, un intercambio de e-mails con fines profesionales fue la primera letra de la historia escrita por Ignacio para Carmela. -Lo que ella no sabía es que el pacto con la memoria sólo lo había hecho ella-. Él la recordaba a la perfección desde el primer día, incluso recordaba hasta su vestimenta.
Una llamada teléfonica de naturaleza laboral, un intercambio de e-mails con fines profesionales fue la primera letra de la historia escrita por Ignacio para Carmela. -Lo que ella no sabía es que el pacto con la memoria sólo lo había hecho ella-. Él la recordaba a la perfección desde el primer día, incluso recordaba hasta su vestimenta.
Los días transcurrían a favor de sus teclas, cada vez eran más las excusas que él empleaba para buscarla y ella como quién no quería la cosa estaba allí -inconscientemente queriéndolo todo-.
Al paso de 2 semanas acordaron un almuerzo con "fines profesionales" esta vez un poco más distendidos que los iniciales. Para esa fecha ya Carmela conocía un poco más de Ignacio quién era muy conocido en el medio (de ambos),también era notoriamente mayor que ella, amante de su profesión, de un carácter particular y aunque no era atractivo para ella físicamente había algo en él que la mantenía fijada en sus atenciones...
Ahhh casi lo olvido también él, tenía en su mano izquierda un anillo referido a una promesa "hasta que la muerte los separe", sí el hombre era casado y obviamente no con ella.
Al paso de 2 semanas acordaron un almuerzo con "fines profesionales" esta vez un poco más distendidos que los iniciales. Para esa fecha ya Carmela conocía un poco más de Ignacio quién era muy conocido en el medio (de ambos),también era notoriamente mayor que ella, amante de su profesión, de un carácter particular y aunque no era atractivo para ella físicamente había algo en él que la mantenía fijada en sus atenciones...
Ahhh casi lo olvido también él, tenía en su mano izquierda un anillo referido a una promesa "hasta que la muerte los separe", sí el hombre era casado y obviamente no con ella.
Más fue lo que él tardó en decirle, que a ella importarle. Al final, al momento de acariciarla bajo la mesa del restaurante el anillo ni la promesa eran problema -los problemas vendrían después-.
Acto seguido desde ese día no pararon de hablarse, de llamarse, de desearse e incluso de extrañarse... Yo digo que hasta de amarse, aunque ellos lo nieguen.
Acto seguido desde ese día no pararon de hablarse, de llamarse, de desearse e incluso de extrañarse... Yo digo que hasta de amarse, aunque ellos lo nieguen.
Vinieron encuentros "profesionales", llamadas "laborales" que comenzaban con un "moría por escucharte" e interminables conversaciones con el filtreo casual de dos jóvenes que intentan coquetearse inocentemente. No fue sino al compás de 2 meses siguientes, tras cerrar la puerta de un cuarto en alquiler con olor a traición, que ese coqueteo inconsciente trazó un precedente en la vida de ambos... Le habían dado rienda suelta a una pasión incontenible, inconfesable y a la vez inexorable.
Esa mañana, entre esas cuatro paredes, Carmela le había mostrado desde la sonrisa hasta lo que hay dentro de esas piernas "hermosamente torneadas" como el las describió y fue en ese momento, el cuál ella se había negado a aceptar anteriormente en un par de oportunidades, que ella supo que ese hombre marcaría su vida, su historia y sus orgasmos como nunca antes ninguno de sus amantes lo había logrado. -Y vaya que Carmela en esas artes amatorias sí era experta-.
Encuentros como ese, muchos le procuró Ignacio a Carmela y en varias oportunidades. Cada vez eran más intensos y más frecuentes, cada vez eran más íntimos y elocuentes cada vez ella se iba enamorando de él de una manera inconsciente. Pasaron de una pasión febril a una relación paralela como diría Alejandro Sanz: "Como un pacto sin firmar" contaban las horas para volverse a encontrar. Sumidos en el deseo ya confeso de miraban, se tocaban y se entregaban el uno al otro sin medir las consecuencias de esos actos ilícitos. Era inminente que al final del día cuando se dejaban ya se prometían extrañarse hasta el amanecer... incluso hasta el final de esa historia que él escribiría para ella.
Es así como ha pasado más de un año, los deseos van y vienen al compás de los te quiero...Es así como él duerme noche a noche en su cama compartida y ella sueña poder compartir con él al menos un amanecer...
En fin, es así como a Carmela se le ha ido olvidando la condición de Ignacio y cuando la recuerda llora de nostalgia y falta de voluntad,para no derretirse ante las mínimas palabras que hoy en día Ignacio le regala (casi como una caridad) ,porque su deseo de amor por ella ha ido mermando y el de ella se ha ido acrecentando. Como su mayor aventura de amor que podrá ser cualquier cosa pero que jamás dejará de ser una aventura.
Carmela sonríe a diario, ama a pedacitos, lo extraña infinitamente y se pregunta cuando lo volverá a ver. Por mi parte al oir su historia solo me digo Pobre Carmela, tremendo problema en el que se metió y peor aún del cual no quiere salir.
Le he aconsejado mil veces que mueva sus anchas caderas a otros horizontes, que busque otro amante o que desaparezca pero la pobre sólo conoce un mago de sus debilidades y no es otro que el pobre Ignacio quien ya no le dice que la desea, que duerme en su cama de tipo casado, pero que sin querer queriendo aun la sueña la extraña y la espera.
En que frasquito meterá Carmela este amor que no quiere ocultar en las tetas?
Ay Carmela, buena vaina que te echaste. Quizá olvidaste que más de un hombre se derrite con el tintineo torpe de tus caderas... Mientras se te pasa, vístete de aventura, no de historia y menos de responsabilidad.
ResponderBorrarCarmela se cuenta cuentos, siempre con el mismo protagonista. En eso, sí que es parecida a Carlota