Manuella

La amiga de Carmela, que no es necesariamente mi amiga, ha tenido una vida tan complicada como divertida para sus escasos 24 que parecen al menos 28 años.

Dicen que goza de buena figura -por lo voluminosa- y una simpatía "divina" que genera suspicacia entre los que la rodean, y es precisamente en ese "rodeo" donde todo comenzó, meses atrás. 

Por una casualidad de esas que ocurren una vez en la vida, esa noche mientras volvía de un par de días de trabajo fuera de la ciudad, no se percató de que no volvería a ser la misma, mucho menos desde que él, Leonardo, besó sus labios y su frente con ternura demencial. 

Se habían conocido meses atrás, de palabra, en medio de una sala de prensa - ella no es periodista afortunadamente-. Al conocerse parecía que hacía años que llevaban buscándose, se reconocieron en seguida -pero tarde-.

Fue... una mirada penetrante de él, una elocuencia abrumadora de ella, muchos desconocidos a su al rededor, fue el escenario perfecto para dar rienda suelta a una imperfecta "Historia de Amor" que se embriaga de nostalgia cada vez que se recuerdan. 

De esa noche, ella recuerda haber obtenido -entre otras cosas- una sonrisa de fotografía, que él se la dibujó... con la puntita de sus dedos...dedos con los que recorrió sus pezones dulcemente cual escultor...y de ellos se adueñó.

Esa noche,  Leonardo la recorrió, la besó, la observó, la admiró, la lamió y minuciosamente se percató de cada detalle del cuerpo imperfecto de Manuella - y según ella cuenta-  lo hizo de la forma más maravillada que un hombre -como él-  pudo haberlo hecho...

Él, cerró sus ojos... y le prometió a ella no olvidar esa imagen... ni de su hermoso rostro, ni de sus profundos ojos negros, ni su figura y mucho menos de los latidos de su corazón, ni el calor de su piel mientras duerme.

Manuella, quiso creerle y calló...Solamente se volteó, lo miró y nuevamente se sumergió entre sus labios rosados...con lo que quiso congelar el tiempo para que ese momento le durara un "para siempre", meterlo en un frasquito y llevarlo en su cartera...

Sin embargo tal fue su suerte, que le amaneció, antes de lograrlo capturar "para siempre". Fue así como con ese amanecer la realidad volvió, ella despertó como de costumbre soñando entre sus sábanas y él seguía allí a su lado, deseando sus mañanas...

Desde entonces han pasado varios meses, según cuenta Manuella, todos los días ella despierta, con la sonrisa que él le dibujó, embriagada de nostalgia, deseando con el corazón volvérselo a encontrar...Y poderle decir a viva voz que él es su mejor sonrisa mañanera. Ojalá no sea tarde.

Día a día, ella desea verlo, bajo las mismas sábanas y bajo el mismo cielo... justo allí al doblez de su espalda, donde Leonardo se encargó de grabarle sus iniciales y donde ella lo busca todas las mañanas...

¡Grande, Manuella!




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